El acceso principal se jerarquiza a travez de un porche semi cubierto, girado a 45 grados, respecto de los ejes principales, con 3 grandes arcos y columnas de piedras. El espacio se corona con una torre de planta octogonal, con capitel curvilineo de tejas normandas. En contrapunto con este se levantan 2 torres menores que corresponden al edificio original una de tres niveles con remate almenado y otra cubierta con láminas metálicas que repite la forma de capitel curvilíneo.
El conjunto se completa con la importancia de cuerpos más bajos, con cubiertas de diversas pendientes - todas con tejas normandas - que se suman al volumen del gran recinto original, cubierto por una terraza almenada. Una enorme variedad de elementos se conjuga en la composición de la fachada: pilastras, arcos, contrafuertes, columnas y remates almenados, son los más llamativos.
En las sucesivas modificaciones que soportó el monumento se añadieron otros materiales texturas como revoques rústicos y superficies con ladrillos vistos. Además, sigue siendo el único inmueble construido a orillas del mar que posee una gran plataforma de hormigón prolongada hacia el océano: la legendaria pedana que tantos destinos cumplió con el paso de los años
Finamente el Torreón fue donado a la ciudad en 1904, en una ceremonia de la que participaron entre otros, José Luro, mentor del Bristol Hotel. En 1929 fue reacondicionado y declarado de Interés Patrimonial por el Consejo Deliberante del balneario. A posteriori, aquella controvertida disciplina desapareció y el complejo se transformó en un centro gastronómico integral con un área dedicada a las muestras de artes. Lo que no ha variado, más allá de la a menudo caprichosa mano del hombre, es su inigualable encanto, que lo convirtió en uno de los íconos de Mar del plata.